
En 1859, Charles Darwin nos cambió la mirada. Mostró que no sobreviven los más
fuertes, sino los que mejor logran adaptarse. Lo descubrió observando aves, tortugas y
entornos que obligaban a los seres vivos a transformarse. Hoy, esa misma idea conversa
con la antropología moderna: las culturas se mueven, los rituales cambian, los símbolos
se reinterpretan. Como especie, siempre hemos ajustado nuestra forma de vivir y
comunicarnos. La historia, desde el descubrimiento del fuego hasta la era de los
algoritmos, repite la misma lección: quedarse quieto es desaparecer.
En los negocios ocurre de una manera similar. Blockbuster no entendió que los hábitos
de consumo estaban cambiando; Kodak vio venir la fotografía digital, pero eligió
ignorarla; MySpace brilló hasta que las nuevas dinámicas sociales la sobrepasaron. La
antropología del consumo lo explica bien: decidimos según el contexto cultural, las
aspiraciones colectivas y las tecnologías que van moldeando lo que deseamos. Por eso
hoy las marcas necesitan hablar en formatos cortos, moverse en tendencias que nacen en
redes y construir autenticidad. Las audiencias ya no son espectadores pasivos: migran,
exigen, opinan y organizan conversaciones completas.
Aun así, las marcas vivas tienen un camino claro: evolucionar sin perder su esencia. Eso
significa leer el clima cultural, entender arquetipos, reinterpretar símbolos y explorar
nuevas plataformas. Las personas quieren sentirse vistas y escuchadas, no solo
impactadas por mensajes. En este escenario, la selección natural favorece a quienes
mezclan estrategia, creatividad y sensibilidad cultural para mantenerse vigentes.
Esa es la lógica con la que trabajamos en O2 Group Latam. Nos movemos entre
negocios, marcas y entretenimiento para que cada proyecto lea mejor su entorno,
encuentre su narrativa y conecte con audiencias que también están cambiando.
Combinamos planeación, estrategia, creatividad, diseño y arte para que las marcas no
solo reaccionen al cambio, sino que puedan anticiparlo. Porque, igual que en la
naturaleza, aquellos seres que se atreven a evolucionar no solo sobreviven: dejan su
huella.