30 AÑOS DE UN SISTEMA QUE CAMBIÓ EL JUEGO

En 1996, cuando Pocket Monsters: Red y Green llegaron a la Game Boy en Japón, parecían simplemente dos videojuegos más. Pero detrás estaba Satoshi Tajiri, un creativo que había pasado años intentando convertir su idea —coleccionar criaturas e intercambiarlas con amigos— en algo viable. Su estudio estuvo al borde del colapso antes de conseguir apoyo. Pokémon no nació como una apuesta segura; nació como una visión clara.

Desde el principio, el negocio estaba integrado en la experiencia. No era una sola edición, sino dos versiones complementarias. Si querías completar la colección, necesitabas intercambiar con alguien más. Esa decisión fomentaba comunidad, pero también multiplicaba ventas. El producto no solo entretenía: estaba diseñado estratégicamente para crecer.

Cuando el fenómeno explotó a finales de los 90 con series, cartas y productos licenciados, muchas marcas habrían exprimido el momento hasta agotarlo. Pokémon hizo algo distinto: estructuró su expansión con la creación de The Pokémon Company, asegurando coherencia global, control de marca y una gestión pensada a largo plazo. Dejó de ser una tendencia para convertirse en un sistema.

Con cada cambio tecnológico y cada nueva consola, la franquicia evolucionó sin romper su esencia. Nuevas generaciones de juegos añadían criaturas, regiones e historias, pero mantenían intacta la promesa central: descubrir, capturar, evolucionar y compartir. No reemplazaba lo anterior; lo ampliaba. Así construyó un modelo basado en acumulación, no en sustitución.

También entendió algo que muchas marcas olvidan: su primera audiencia crecería. En lugar de reemplazarla por completo, decidió acompañarla. Lanzó nuevas generaciones para los más jóvenes mientras ofrecía reinterpretaciones y expansiones para quienes habían empezado años atrás. Esa capacidad de hablarle a distintas edades al mismo tiempo extendió su ciclo de vida y fortaleció su valor de marca.

Hoy, cuando cumple 30 años, Pokémon no es solo una franquicia exitosa; es un caso de longevidad empresarial. Ha atravesado cambios tecnológicos, culturales y generacionales sin perder relevancia. Ha diversificado en videojuegos, cartas, series, películas y experiencias físicas sin diluir su identidad. Su universo creció porque su núcleo nunca cambió.

Treinta años después, la lección es clara: las marcas que sobreviven no son las que se aferran a un producto exitoso, sino las que construyen una plataforma capaz de evolucionar. Pokémon convirtió la evolución en su filosofía corporativa. Evolucionan sus criaturas, evolucionan sus jugadores y evoluciona su modelo de negocio.

En O2 creemos en ese tipo de marcas: las que entienden que el branding no es solo comunicación, sino visión estratégica de largo plazo. Porque trascender no es cuestión de tiempo; es cuestión de construir algo que pueda crecer durante generaciones.

Santiago.Planning / Consultor - Planner Estratégico & Project Manager / Estrategia, Negocios & Entretenimiento
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